“Desde la óptica de la escuela, esta situación nos enfrenta a un grave dilema moral. Sabemos cuál es la distribución de la riqueza y de las oportunidades en el mundo de hoy y, por lo tanto, sabemos también, con matemática certeza qué proporción de nuestros alumnos ocupará cada uno de los nichos que el sistema les tiene preparados. No podemos señalarlos con el dedo ni decir sus nombres, pero sí nos consta cuántos serán ricos o pobres, profesionales o improvisados, empleados o desempleados. Sabemos, además, que allí donde no hagamos el esfuerzo de informatizar a los estudiantes estaremos condenándolos a poblar el lado oscuro de la brecha digital o, peor aún, cargamos con el peso de saber que los que ya son pobres están condenados y que aún si los informatizamos sin cambiar su situación socioeconómica les estamos reservando el peor de los destinos: contemplar el colorido universo que pudo haber sido suyo, que les hemos enseñado a usufructuar, pero que les está irremisiblemente negado por la condición con que llegaron al mundo.
Y llamamos a esto un dilema moral porque cumple fielmente con las condiciones de uno, es decir, nos presenta dos o más alternativas inmorales, exigiéndonos que decidamos cuál de todas es “el mal menor”. Poner computadoras en escuelas marginales sin intentar siquiera sacarlas a ellas y a sus alumnos de la marginalidad es absurdo, poco útil y hasta cruel. No ponerlas es decidir que su marginalidad será para siempre. Informatizar a vastos sectores de la población implica encadenarlos al yugo de un consumismo febril e insensato de basura tecnológica, que tiene como filosofía que la felicidad radica en poseer antes que en ser. No hacerlo es quitarlos del circuito básico de la economía y, casi con seguridad, empujar a una porción considerable hacia la temida marginalidad. Todo para que unos pocos -los “competitivos”- alcancen la bienaventuranza neoliberal.La solución a un dilema moral como el que nos presenta la brecha digital no es distinta que la de cualquier otro. Dentro del esquema de prejucios con que se los analiza, la elección del mal menor es siempre aceptada como -justamente- lo más “moral”. Y esto es exactamente lo que hacen nuestros gobernantes: buscan con desesperación informatizar a la mayor cantidad posible de personas para que, al menos, sobrevivan los más capaces, o los más afortunados, o los más adaptables. El resto… bueno, ¡el resto igual estaba condenado!
Esto es exactamente lo que hacen porque no quieren salir del esquema de pensamiento que angosta los límites del dilema moral; porque no se permiten admitir que es precisamente el sistema el que está fallando al generar una brecha educativa que sólo se resuelve -al uso neoliberal- construyendo sobre la base de la exclusión y la marginalidad; esto es, aceptándola como parte de una división natural entre triunfadores ricos y perdedores pobres.”
21 de julio de 2009
El dilema moral de la brecha digital
A continuación te presentamos el fragmento de un artículo del Prof. Hugo Castellano, publicado en la revista digital Contexto Educativo, sobre el dilema moral que presentan las brechas digitales. Claramente, viviendo en esta situación, no nos planteamos en el presente las consecuencias que tendrá esta situación. Siempre miramos a futuro lamentándonos, pero nunca llegamos a cambiar el presente. Siguiendo el link podés leer el artículo completo. Acá te pasamos sólo un fragmento.
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